Atentado a la AMIA: Justicia perseguirás

En todo proceso lo que debe acreditarse, es la determinación de qué fue lo sucedido, es decir, el cuándo y cómo se concretó el delito, ya que sólo una vez comprobado, se podrá indagar acerca del quién y el porqué…Cada año que pasa sin tomar una decisión de esta naturaleza nos aleja cada vez más de poder darle a la memoria de los muertos, la verdad y justicia que merecen. Por el Dr. Juan Carlos García Dietze.

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* A las 9:59 de la mañana de ese fatídico lunes 18 de julio de 1994, Carlos Alberto Bianco, periodista que en ese momento hacía exteriores para radio Mitre y quien circunstancialmente se encontraba en las inmediaciones, se adentró en la espesa nube de tinte verdoso compuesta de polvo y gases que flotaba sobre la calle Pasteur, como consecuencia de la feroz explosión que tan sólo seis minutos antes había convertido en escombros el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), derrumbando su estructura, sesgando brutalmente la vida de 85 personas e hiriendo gravemente a muchas más, hundiendo en la profunda obscuridad en la que hoy, 26 años después, permanece la determinación de la verdad de lo ocurrido, a partir del mayor fracaso en la historia judicial del país.

En esos dramáticos instantes en medio de ese paisaje caótico y terminal, que imposibilitaba prácticamente la visión, entre los ayes de dolor, los primeros gritos y la confusión que se prolongará por horas, el movilero Bianco mantuvo –como relatara luego en el juicio oral- un novelesco diálogo que se propaló al aire en directo a través de la emisora, con un desconocido a quien sorprendió agachado en medio de ese infierno en que se había convertido la calle Pasteur, a unos 50 metros del epicentro de la explosión, aparentemente “recogiendo en una bolsa de plástico transparente restos de material cómo de aluminio como de un block de motor”, verificándose el siguiente diálogo:

"Y? le pregunto: -vos sos ‘service’ y me mira, diciéndome: -… me estás grabando?;

-no digo, qué fué?;

-me dice: - Mirá fue una trafic o un renault blanco un renault doce blanco, le digo porque tiene la misma cilindrada digamos;

Eh!? 

‘Para mí había una diferencia; en ese momento no sabía que el motor era lo mismo’, aclaró el periodista muchos años después en la sala de audiencias de Comodoro Py, cuando fue convocado a declarar como testigo por el Tribunal Oral Federal 3 a cargo del juicio por el atentado a la Amia, inquietando profundamente a algunos de los que participamos del debate.

Este “extraño testimonio que sugiere pensar que a seis minutos ya alguien sabía que había explotado una trafic o un renault 12”, como lo expresara en su alegato una de las querellas, pese a lo cual como todas las partes acusadoras, no se apartó del “relato oficial” que sitúa la explosión de un coche bomba, la famosa Trafic, como medio empleado para concretar la voladura, sin motivar cuanto menos una elemental curiosidad investigativa, para tratar de averiguar el motivo de tan peculiar situación, que llevó al periodista de exteriores a espetarle de plano: “vos sos service?” .

Va de suyo que nada se hizo al respecto, ni la menor medida instructoria, ni antes del juicio, ni después. Se ignora por completo la identidad de ese particular personaje, qué estaba haciendo realmente, donde llevó lo “secuestrado” y metido en la bolsa (o sacado?)…, pero si se pone el acento en esta cuestión, es porque a minutos de la tragedia, por la azarosa presencia periodística, se pudo observar en vivo y en directo, el nacimiento del ‘huevo de la serpiente’,  es decir, la estudiada y preparada maniobra de encubrimiento que se venía gestando de antemano, para impedir llegar a la verdad de lo ocurrido, de cuyo éxito da cuenta que hoy, que a 26 años del atentado, no sepamos que pasó realmente esa infausta mañana  de invierno en Pasteur 633.

El entrecruzamiento de servicios de inteligencia, local y extranjeros, el “extravío” de las grabaciones hechas por la Side al principal imputado, registradas antes de que el juez Galeano dispusiera su intervención, en el affaire procesal conocido por todas las partes, como el “misterio de la foja 114”, ya que aún no se había “encontrado” el motor de la Trafic, a partir de lo cual, según el relato oficial, se lo puso a Telleldín en la mira investigativa, y sin embargo los servicios locales ya lo estaban ‘escuchando’; el absoluto desconocimiento del valor probatorio de muchos testigos directos del atentado, vecinos y transeúntes que vieron la explosión y afirmaron la inexistencia de ningún coche bomba, testimonios recibidos recién en la etapa de juicio oral, ya que al juez instructor no dispuso convocarlos, como tampoco se le ocurrió, aunque el lector de estas líneas no lo pueda creer, recibirle declaración a muchos empleados sobrevivientes que estaban dentro del edificio siniestrado al momento de explotar y que recién fueron escuchados más de 7 años después del atentado en el debate oral, todo esto, para señalar simplemente algunas pocas de las innumerables deficiencias en la “investigación”, todo lo cual confluyó en las recientes condenas del año pasado al ex juez Galeano, fiscales y miembros del servicio de inteligencia entre otros, a  penas de cumplimiento efectivo en su caso, por contaminación y ocultamiento de pruebas.

La memoria de los argentinos que perdieron la vida en el cruel atentado y dolor de sus familiares y sobrevivientes, y la estupefacción de toda la sociedad que no puede comprender como miembros del poder judicial y de las fuerzas de seguridad, hayan incurrido en tales reprochables conductas, requiere se supere la instancia de los justos homenajes que se llevan a cabo cada aniversario, y se pase de una vez por todas, a una investigación genuina de lo acontecido sin dejar de lado ninguna hipótesis acerca cómo se llevó a cabo el atentado contra la Amia.

Los que transitamos el derecho penal a lo largo de los años, tanto en la actividad privada como judicial, aprendimos de muy jóvenes, que en todo proceso lo que debe acreditarse en primer lugar, es la determinación de qué fue lo sucedido, es decir, el cuándo y cómo se concretó el delito, ya que sólo una vez comprobado, se podrá indagar acerca del quién y el por qué…

Cada año que pasa sin tomar una decisión de esta naturaleza nos aleja cada vez más de poder darle a la memoria de los muertos, la verdad y justicia que merecen.

* Dr. Juan Carlos García Dietze