Ajedrez, damas, cartas, dominó, juegos de preguntas, burako, memoria, jenga… cualquier juego que invite a compartir, a pensar, o simplemente a pasar un rato diferente, es bienvenido.
Los juegos de mesa funcionan como una herramienta pedagógica y terapéutica clave dentro de los programas carcelarios. Enseñan a respetar turnos, a tolerar la frustración, a trabajar en equipo y a resolver conflictos sin violencia. Son, en pocas palabras, un ensayo silencioso pero poderoso de la vida en comunidad.
